Podemos decir que una parte importante del proceso de reeducación erótica y de conseguir una actitud elevada hacia la sexualidad y hacia el erotismo es aprender a intimar y aprender a crear intimidad erótica.
Los estudios modernos sobre el comportamiento sexual de las personas que viven hoy, revelan que el factor número uno para la realización sexual de las mujeres o para desarrollar la capacidad de alcanzar la experiencia orgásmica e incluso la capacidad de ir a una visión más alta sobre la experiencia sexual es la intimidad. Cuando la intimidad no está presente o la intimidad no es suficiente, la mujer no puede abrirse a la interacción sexual, y esto hace que la función erótica, incluyendo el orgasmo, sea difícil, inexistente o más bien caótico.
Esta es en realidad una de las razones principales por las que hoy en día, debido a que las mujeres no saben cómo construir intimidad, los hombres no saben cómo crear esta intimidad, la experiencia que la mayoría de las mujeres tiene de su interacción erótica con su amado es muy poco comparado con su capacidad natural, porque sin el marco íntimo de esta interacción, todo se reduce a los mecanismos sexuales.
La intimidad es también uno de los componentes clave de la virilidad masculina. Cuando no siente intimidad con su amante (hundido en hábitos y formalismos), el hombre tiende a inhibirse e incluso puede aparecer disfunción eréctil, muy fluctuante o bien por miedo a perderla, tener un acercamiento precipitado y corto a la interacción sexual.
Desde la perspectiva de la intimidad, podemos ver que los juegos previos (preludio) son de suma importancia en el acto sexual, ya que es donde ambos amantes tienen que darse tiempo para profundizar su intimidad hasta que el hombre se quita sus mecanismos de defensa y se siente seguro y no necesita precipitarse para sentirse seguro en virilidad y potencia.
La definición académica de intimidad es “familiaridad cercana e incluso amistad”. Un estado de cercanía entre sí, e implica un estado de apertura entre sí a nivel emocional, mental e incluso físico. Tener intimidad con una persona a veces significa tener una interacción sexual. Al acto sexual de les denomina: «ser íntimo».
La intimidad es un estado que nos ayuda a estar y permanecer en contacto con nuestra alma muchas veces con la ayuda de los otros con los que estamos y permanecemos en intimidad. Sabiendo intimar o sabiendo cultivar la Intimidad en la relación aprendemos a intimar con nuestra profundidad. Aprenderemos a estar en contacto desde una perspectiva diferente, tanto con los demás, como también aprenderemos a intimar con nuestra profundidad.

El poder extremo de la intimidad siempre es contrarrestado con diferentes mecanismos de defensa del ego y esto lo podemos ver hoy extendiéndose ampliamente entre las personas. Estos mecanismos son principalmente:
• la superficialidad
• el formalismo
• la familiaridad
La superficialidad es la primera reacción que tenemos ante lo desconocido. En lugar de mirar atentamente las incógnitas, por así decirlo, en lugar de asombrarnos frente al misterio que se abre, damos una mirada superficial al misterio y permitimos inconscientemente el comienzo del proceso de reducción de todo a algo ya conocido.
Ante eso, ante el proceso de reducir lo desconocido, el misterio a lo conocido, desplegamos una actitud formal que da la impresión de una sólida construcción que tapa el gran hueco de lo desconocido que apareció justo en medio de nuestra realidad familiar.
Cuando repetimos la mirada superficial una o más veces a este desconocido, nos familiarizamos con ese ser o aspecto de la experiencia y todo lo desconocido se cubre y se reduce a algo con lo que estamos familiarizados.
“Pero esto es normal”, “todo el mundo lo sabe”. Y de esta manera, incluso fenómenos misteriosos extraordinarios como la vida, como la muerte, como la atracción mutua, el misterio de estar fascinados por una persona que inspiró tantas cosas en nosotros, se convierte en el paisaje familiar de una sexualidad pobre, superficial, corta y a veces precipitada.
El formalismo es esa construcción rígida que nos impide dar saltos felices o fascinados o llenos de pasión y nos mantiene en este caparazón para que podamos construir familiaridad. Después de que se crea el formalismo, nos relajamos, porque ya superficialmente tenemos la impresión de saber, por lo que construimos este muro de formalismo que luego se convierte en familiaridad que filtra la relación con la realidad profundamente misteriosa que los rodea y aleja lo terriblemente real: la presencia de su alma dentro interactuando con otras almas.
La intimidad, por tanto, está bloqueada por estos verdaderos venenos de nuestro ser que están haciendo que el erotismo se reduzca al sexo superficial e incluso que éste sea pobre e insatisfactorio tanto para el hombre como para la mujer. El poder de la intimidad y especialmente la intimidad física es también la razón por la que vemos hoy tanto formalismo, bloqueos y tabúes precisamente en esta área de la vida. Muchas relaciones comienzan con una especie de deliciosa intimidad que siempre se construye sobre el hecho de que no esperamos nada, y todavía no podemos ser familiares y superficiales. Y más adelante cuando la superficialidad y la familiaridad se hicieron más fuertes, no por casualidad la atracción y la polarización van desapareciendo.
Para las parejas no iniciadas, este parece ser el destino inminente de la relación, sin embargo la sabiduría del Tantra nos revela diversas soluciones para evitar este tipo de situación o más bien remediarla.
¿Qué se puede hacer para mantener la llama puesta entre los dos amantes a lo largo del tiempo?
El toque consciente es una herramienta fundamental cuando hablamos de conexión entre almas, que es lo que se busca en una relación de pareja. El tacto es el sentido conectado con el corazón, aquí no estamos hablando del órgano físico, sino el corazón espiritual. A través del tacto, cuando combinado con la consciencia, es posible despertar el alma de una persona, es decir, hacer con que esta persona se acerque más a su verdadera naturaleza y entienda quien realmente es. También, a través del toque consciente, por el uso de la empatía, se puede establecer otra modalidad de comunicación, más directa, sin necesidad de verbalizar lo que uno siente, que muchas veces ni siquiera es comprensible para la propia persona.